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Examen

CARACTERÍSTICAS. LA ACTITUD FILOSÓFICA. FILOSOFÍA PRESOCRÁTICA. SOFISTAS Y SÓCRATES CARACTERÍSTICAS GENERALES La historia de la filosofía comienza con el pensamiento griego que tiene sus antecedentes en el pensamiento oriental prefilosófico. Debido a esto, los historiadores de la filosofía han tratado de explicar, de diversos modos, la relación existente entre la más antigua sabiduría de oriente y las ulteriores reflexiones filosóficas de los helenos. Sabido es que los griegos fueron un pueblo que se dedicó al comercio marítimo. Alguna vez - como lo hicieron luego los romanos y los cartagineses- dominaron con sus naves la cuenca del Mediterráneo. También transitaron las rutas terrestres que unían el Asia Menor con el resto del continente asiático y Egipto. Esto les permitió tomar contacto con las grandes culturas orientales de la antigüedad. Como es dable suponer, su permanente trato comercial con otros pueblos dio origen a relaciones de tipo cultural cuyas recíprocas influencias son de índole muy diversa. En nuestro caso particular solo nos interesa establecer - aunque más no sea de un modo somero - en qué medida la ciencia y la mitología de oriente incidieron en el posterior desarrollo de la cultura griega y, en especial, en el pensamiento filosófico de esta última. Los mismos griegos no ignoraban que muchos de los conocimientos que poseían eran de procedencia oriental, sobre todo egipcia y caldea. Tal es así que Herodoto, Platón y Aristóteles - entre otros - afirmaban que ciencias como la astronomía, la geometría y la aritmética llegaron a Grecia luego de haber sido cultivadas por los caldeos y los egipcios. Según Aristóteles "... ya se hallaban constituidas todas las artes (orientadas a las necesidades practicas de la vida cuando se descubrieron estas ciencias, que no se aplican al placer ni a las necesidades de la vida, y aparecieron primeramente en aquellos países donde había quienes disfrutaban del ocio y las comodidades suficientes para dedicarse a las ocupaciones intelectuales. Por eso en Egipto. antes que en otras partes, se constituyeron disciplinas tales como la matemática, porque allí le estaba concedida a la casta sacerdotal esa comodidad" (Metafísica, 1.1). Cabe acotar, no obstante lo dicho por Aristóteles, que las ciencias desarrolladas por los sabios orientales tenían más una finalidad práctica que especulativa. Este hecho impidió de alguna manera, que dichas ciencias alcanzaran el desarrollo que luego alcanzó entre los griegos. Una vez que se dispone del instrumento intelectual adecuado para solucionar un problema práctico cualquiera, difícilmente se seguirá investigando con el solo objeto de acrecentar el saber. Descubierta la herramienta el problema desaparece. Esto es, posiblemente, lo que frenó la evolución de las ciencias en oriente. No olvidemos que la astronomía caldea, verbigracia muy completa en lo que hace a observaciones y registros, no superó, sin embargo, el margen de la astrología, disciplina cuya finalidad era la elaboraci6n de horóscopos y cartas natales. El "cielo" podemos decir, estaba en función del destino del hombre. Se lo observaba y describía no para conocerlo y comprenderlo en sí mismo, sino para adivinar y prever el sino de los hombres. La matemática egipcia también estaba constreñida a los límites de cierta aplicación práctica. Era una matemática de agrimensores e ingenieros, no de matemáticos puros. Su desarrollo, como ciencia aplicada, fue importante, no cabe duda de eso. Pero su mismo ámbito de aplicación fijaba su límite. Cuando se cultiva un saber como mero instrumento para alcanzar objetivos ajenos a él mismo ese saber deja de progresar cuando esos objetivos son alcanzados. Si consideramos las cosas de este modo se hace patente que las ciencias orientales no podían darle a los griegos lo que ellas mismas no poseían, o sea, el espíritu científico- especulativo eminentemente teórico y no circunscripto a Materia : Introducción a la filosofía Profesor : Pedro Ballester - 2 - problemas de orden practico. El griego comprendía, por supuesto, el sentido práctico que encierra todo saber - sea científico o no - pero también se dio cuenta que en el cultivo del saber por el saber hay un sentido que vale por sí mismo y que, en definitiva, es el único que hace posible su desarrollo. Lo dicho hasta aquí, necesario es decirlo, no significa que se le niegue a la ciencia caldea y egipcia otros fines que no sean los meramente prácticos. Algunos investigadores han encontrado en ellas elementos que permiten asegurar que los sabios orientales desarrollaron un saber teórico y no interesado. A lo que hay que agregar muchos conceptos de tipo filosófico dentro de sus mitos. Conceptos que luego fueron tomados por el pensamiento griego, que los completó y desarrollo por medio de un lenguaje racional. Sin embargo, aceptando incluso lo que la investigación actualizada le reconoce en su faz especulativa y racional al pensamiento oriental antiguo, es indudable que este no alcanzo un grado de desenvolvimiento teórico suficiente como para superar el ámbito de las ciencias prácticas, como lo hizo anteriormente la ciencia entre los griegos. Fueron estos quienes, a partir de la herencia cultural, elevaron la reflexión científica a una jerarquía no alcanzada antes; jerarquía en cuya cima se hallaba el pensamiento filosófico y cuyo instrumento específico es la razón. Fue el lagos - la "ratio" de los latinos - lo que le permitió a los griegos extraer de los contenidos culturales recibidos y de su propia experiencia un conocimiento que, más allá de la apariencia del mundo sensible, penetró en las capas mas profundas de lo real. Sumémosle a esto una predisposición natural para la investigación teórica, una capacidad de asombro que los hizo tomar conciencia de los problemas que plantea el orden cósmico y humano, amén de una curiosidad sin límites, y tendremos ya los elementos suficientes para comprender por qué fue Grecia y no el Oriente la cuna de nacimiento de la filosofía. LA ACTITUD FILOSÓFICA La palabra "filosofía" significa amor al saber. Se deriva de los términos griegos "filos" que significa amor y el término "sofía" que significa sabiduría. El primero en llamarse "filósofo" fue Pitágoras. Dijo que sólo los dioses podían ser sabios y consideró que quienes buscaban la verdad no eran sabios sino amantes de la sabiduría. Aristóteles pensaba de un modo similar pero también sostuvo que "... la maravilla (el asombro) ha sido siempre, antes como ahora, la causa por la cual los hombres comenzaron a filosofar. Al principio se encontraron sorprendidos por las dificultades más comunes; después, poco a poco, plantearon problemas cada vez más importantes tales, por ejemplo, como aquellos que se refieren a los fenómenos de la luna, del sol o de los astros, y finalmente los concernientes a la génesis del universo. Quien percibe una dificultad y se admira, reconoce su propia ignorancia. Y por ello, desde cierto punto de vista, también el amante del mito es filósofo, ya que el mito se compone de maravillas" (Metafísica, 1,2). También Platón, en su diálogo "Teeteto", afirma que "es característico del filósofo este estado de animo: el de la maravilla (o asombro), pues el principio de la filosofía no es otro, y aquel que ha dicho que Iris (la filosofía) es hija de Thaumante (la maravilla), no ha establecido mal la genealogía". Las palabras que acabamos de citar son por demás elocuentes; en el origen de toda actitud filosófica está la capacidad de admirarse. Quien se admira aún halla en el universo y en la vida lo inesperado. La filosofía es una forma de esperar lo inesperado. El que comprende esto comprende también que hay un límite en todo saber humano. Pues siempre existe algo que no se sabe, algo que, al hacerse presente, nos deja boquiabiertos. Quien no es capaz de asombrarse, no reconoce su propia ignorancia ni la indigencia del saber humano, que siempre será pobre con relación a una comprensión total del universo y de nuestra propia existencia. El asombro es el Materia : Introducción a la filosofía Profesor : Pedro Ballester - 3 - reconocimiento de esa indigencia, y hacemos filosofía para superar esa pobreza esencial del saber humano. También podemos filosofar movidos por otras causas. Algunos dicen que son las situaciones límites de la vida las que nos llevan a pensar en nuestro destino y en el sentido del universo. Esas situaciones límites son como callejones sin salida que nos obligan a hacer un alto en el camino para reflexionar acerca de nuestra existencia. No siempre se halla una salida. Y tampoco es la filosofía la única. Las "situaciones límites" pueden sumir al hombre en la 1ocura y llevarlo, incluso, hasta la muerte. A veces, no siempre, la filosofía se presenta como una vía de escape; pero también el arte, la ciencia o la religión pueden servirle al hombre para salir de la encrucijada. Pero reiteremos: no siempre es posible hallar una salida. En tales casos muchos hombres suelen dejarse arrastrar por la indiferencia. La vida pierde su sentido y a partir de ese momento se puede decir que para ellos "todo está permitido", La sabiduría se convierte entonces en cinismo, corrupción e hipócrita palabrería. Lo único que se desea es el poder, el poder para dominar a los demás. Esta actitud, común en casi todos los hombres es la consecuencia del hastío, del cansancio de vivir y de una impotencia profunda, radical, para enfrentarse con la vida, para aceptarse como se es, sin renunciar a lo que se quiere ser. Todos los hombres se desesperan alguna vez y sienten que nada les queda por hacer, que la vida ha llegado a su fin y que la muerte es inevitable. Entonces se abandonan a sí mismos negándose a ser lo que alguna vez desearon ser. Dejan de creer en si mismos y piensan que la vida no les ha dado lo que esperan de ella. No se percatan que la vida no da nada si uno mismo no se lo da a ella. Tampoco comprenden que la vida, en todo momento, incluidos aquellos en los que nos sentimos felices, es una encrucijada. No hay situaciones límites en algunos momentos de la vida; la vida misma, en su totalidad, es una situación límite; porque la vida, en su más honda realidad, es el límite de la muerte. Todos, sin excepción, estamos pisando día a día, segundo a segundo, ese límite. En lo cotidiano, y no en otra cosa, esta lo inesperado. El sol de cada amanecer, el crepúsculo, las sombras de la noche, el canto de los pájaros, el florecer de un capullo, la muerte y el nacimiento de todo lo que amamos son, todas ellas, situaciones límites. Todo eso nos maravilla y asombra, porque todo eso, a pesar de su aparente nimiedad, es grandioso y admirable. En lo efímero esta la eternidad porque lo efímero es para siempre. Filosofamos porque vivimos, del mismo modo que trabajamos, amamos o hacemos cualquier otra cosa. Esto no quiere decir que vivamos filosofando. El filósofo piensa para vivir, ya que vivir para pensar es asunto de ciertos animales, que también viven para comer. La filosofía, en tal sentido, más que una ciencia es un arte. El arte que nos permite pensar viviendo, que nos salva de tener que vivir para pensar. LA FILOSOFÍA PRESOCRÁTICA Los presocráticos fueron los primeros filósofos griegos. Se los llamó así porque fueron anteriores a Sócrates. Se preocuparon, principalmente, por la naturaleza y el universo. Por eso se los llamó también "naturalistas", "físicos" o "cosmólogos". Sus preocupaciones giraban en torno al origen del universo y buscaron el arjé (o principio) de todas las cosas. Esta preocupación fue común, también, a los poetas. Pero mientras estos le dieron una respuesta mítica a tales problemas, los primeros pensadores griegos recurrieron al lenguaje racional para explicar el inicio y el fundamento de todo lo existente. Según Aristóteles los presocráticos investigaron "...aquello de donde salen todos los seres y de donde proviene todo 1o que se produce, y a donde va a parar toda destrucción..." (Metafísica, I-3). El fundamento o principio buscado por ellos no fue concebido Materia : Introducción a la filosofía Profesor : Pedro Ballester - 4 - del mismo modo por todos. Pero, a pesar de las diferencias de las distintas concepciones, encontramos en ellas ciertas características que les son comunes. Por ejemplo, el punto de partida de la investigación: que fue la búsqueda de un substrato permanente, capaz de persistir por debajo de los cambios y transformaciones a los que se hallan sujetos los seres inmersos en el devenir. Las cosas existen en el espacio y el tiempo y sufren modificaciones constantes. Los primeros filósofos observaron que toda la naturaleza estaba como dotada de vida y que en ella todo pasaba del ser al no-ser y del no-ser al ser. Pues todo nace y todo muere, y vuelve a nacer y vuelve a morir. Eso es el devenir. Sin embargo el devenir mismo no podría existir si algo no permaneciese constante por debajo de los cambios. Nada puede pasar de un contrario a otro sin permanecer, de algún modo, idéntico a sí mismo. El agua, por ejemplo, continúa siendo agua a pesar de sus distintos estados adquiridos como consecuencia de los cambios de temperatura. Los presocráticos se dieron cuenta de que así como en toda cosa que cambia hay algo que permanece, también en la naturaleza hay algo que debe perdurar. Y lo perdurable era, precisamente, el principio universal que les dio origen. Este principio, que podría semejarse a una especie de materia primordial, estaba no sólo en el origen temporal de las cosas sino que entraba en su misma constitución presente (a ese principio retornan cuando han cumplido su ciclo natural). Todas ellas, podemos decir, quedan reducidas a la materia originaria que las engendró. Así 1o pensó Aristóteles, que llamo "causa material" al arjé de los presocráticos, y afirmo que "... todos esos filósofos habían tomado por punto de partida la materia, considerándola como causa única..." (Metafísica, 1.3). Sin embargo, no se debe tomar al pie de la letra lo que dijo Aristóteles, ya que el principio material buscado por los pensadores antiguos no era la materia particular y sensible de cada cosa. Es más, el arjé difícilmente puede percibirse en los seres individuales. Es cierto que se trata de un principio físico; pero para descubrirlo es necesario dejar a un lado la apariencia material de cada cosa en particular, puesto que la materia sensible de cada cosa no es necesariamente, la materia imperceptible de todas las cosas. Para descubrir a esta última es menester penetrar en las capas mas profundas del ser. Solo allí puede hallarse algo que no sea algo propio y exclusivo de cada cosa, sino común a todas. Muchos filósofos antiguos llamaron a la materia primordial con el nombre de una sustancia material conocida: aire, agua o fuego. No obstante esto, el arjé, que era evidente en dichas sustancias, no lo era sin embargo en las otras. ¿Por qué afirmar, entonces, que estaba en ellas? ¿acaso hay fuego, aire o agua en una roca? la apariencia del objeto no nos lo muestra. Pero nuestra razón, que penetra la ilusoria realidad de lo aparente, nos dice que debajo de las cualidades captadas por los sentidos tiene que haber un substrato común a todos los seres. Algo que además de darle una respuesta a la pregunta: ¿de qué están hechas las cosas?, devele la incógnita de este otro interrogante: ¿qué son las cosas? lo que las cosas son no tiene porque coincidir, necesariamente, con aquello de lo que están hechas. Poco importa el material con que este hecha una mesa; este puede ser madera, mármol o lo que se quiera y la mesa no será nada de eso. La mesa es algo artificial, pero la misma idea es aplicable, en general, a las cosas de la naturaleza. El principio puede ser llamado aire o agua, porque no hay otro nombre para darle, tal vez. Pero el principio en sí mismo no es aire ni agua. Hasta se puede decir que tanto el aire como el agua suponen al principio. A esto lo van a comprender todos los pensadores griegos, incluidos aquellos que designaron al principio con el nombre de una sustancia conocida. Aristóteles, condicionado por su propia concepción, pensó que el arjé era tan solo la causa material. Pero ni los pitagóricos, ni Parménides, ni Heraclito, por citar algunos, se quedaron en eso. En todo caso, la materia primordial de los primeros presocráticos era una materia transfísica. Una materia que además de entrar en la constitución de los seres era, también, principio de orden y unidad, es decir, la ley o medida que regulaba, unificaba y ordenaba la variada multiplicidad del devenir. Sin esta ley el devenir hubiese sido caótico e irracional. Hecho este que para los griegos era Materia : Introducción a la filosofía Profesor : Pedro Ballester - 5 - inconcebible. Ellos comprobaron, gracias a una observación tan aguda como minuciosa, que las cosas se presentan como formando parte de un todo, ya que no se dan aisladas sino conformando un conjunto que posee en sí mismo cierta armonía. Es verdad que las cosas son múltiples y variadas, pero también es cierto que esa multiplicidad de seres existentes constituye una totalidad, un universo ordenado, un cosmos. Ese cosmos existe porque hay un principio de orden, permanencia y cambio que es el arjé. La multiplicidad es uno de los "polos" del universo, el otro es la unidad. Aparentemente ambos polos parecen separados por un abismo. Lo uno y lo múltiple son incompatibles. Pero la razón trata de salvar esa incompatibilidad buscando en la multiplicidad la unidad, en el devenir el ser, en la temporalidad la eternidad y, tras la transparencia ilusoria de 1o sensible, la realidad. LOS FILÓSOFOS PRESOCRÁTICOS TALES de Mileto (640/.39 - 546/45 a. de C.) al preguntarse ¿qué son las cosas? tales responde diciendo que es el agua o lo húmedo. El agua no solo es el constituyente físico de las cosas, sino también el principio vital que penetra todo lo viviente. Esto quiere decir el fragmento que afirma que "todas las cosas están llenas de alma", o sea, animadas, con lo que la materia podría reducirse a un principio vital. ANAXIMANDRO de Mileto (610/9 - 547/6 a. de C.), discípulo de Tales, sostiene que el principio y elemento primordial de todos los seres es lo indeterminado, al que llama "apeiron". Como principio no es engendrado y es indestructible; pues lo que es engendrado, es necesario que tenga un fin (...). “Por ello no parece que de esto haya principio, sino, por el contrario, que esto es el principio de las otras cosas y las contiene y rige a todas... este principio es... inmortal e indestructible, como dice Anaximandro..."(Aristóteles, Física, 111,4). ANAXIMENES de Mileto (585 - 528 a. de C.), discípulo de Anaximandro, también afirma que el principio primordial subyacente y único es infinito: pero no lo considera indeterminado, como lo hace su maestro, sino determinado, manifestando que es el aire (Teofrasto, Física, 24, 26). El aire es el constitutivo de todas las cosas y "se diferencia en las distintas sustancias en virtud de la rarefacción y de la condensación. Por la rarefacción se convierte en fuego; en cambio, condensándose, se transforma en viento, después en nube, y aún más (condensado) en agua, en tierra mas tarde, y de ahí, por último, en piedra" (Teofrasto, Fís. 24 - 27). PITÁGORAS de Samos ( n. 580 a.C.), con este filósofo la especulación filosófica cambia de orientación, en el sentido de que el principio buscado ya no posee las peculiaridades físicas que caracteriza al pensamiento de los milesios. Al respecto Aristóteles nos dice que "los así llamados pitagóricos (discípulos de la escuela fundada por Pitágoras), habiéndose aplicado al estudio de las matemáticas, fueron los primeros en hacerlas progresar, y nutridos de ellas, creyeron que su principio fuese el de todas las cosas. Ya que los números, por naturaleza, son los primeros en ellas, y les pareció observar en los números semejanzas con los seres y con los fenómenos, mucho más que en el fuego o en la tierra o en el agua (por ejemplo, tal determinación de los números les parecía que era la justicia; tal otra, el alma o la razón; aquella otra la oportunidad, y, por así decir, análogamente toda otra cosa);y como también veían, en los números las determinaciones y proporciones de las armonías; y como, por otra parte, les parecía que toda la naturaleza, por lo demás, estaba hecha a imagen de los números y que los números son los primeros en la naturaleza, supusieron que los elementos de los números fuesen los elementos de todos los seres, y que el universo entero fuese armonía y número" (Metafísica 1,5). La conclusión mas importante que podemos sacar de lo expuesto - como ya lo hicimos ver más Materia : Introducción a la filosofía Profesor : Pedro Ballester - 6 - arriba- es que la cuestión del fundamento de las cosas puede ser reducida a la relación entre el ser y el devenir. PARMENIDES (500 a. de C.): se lo conoce como el filosofo del Ser, precisamente por ser él quien descubre y enuncia las leyes de unidad, inmutabilidad y eternidad que lo caracterizan. En uno de sus fragmentos nos dice "que el Ser es inengendrado e indestructible, todo completo, único en su especie e inmóvil y sin término (fra. 8,2-4). A lo que agrega: "no hay ni habrá nunca ninguna cosa fuera del Ser, pues el destino lo ha encadenado a ser todo enteramente e inmóvil" (fra. 8,36-38), "ni es divisible porque es todo igual.” (fr. 2,2). Además el Ser excluye al no - ser, porque "un solo camino le queda al discurso: que el ser es y el no ser no es" (fra. 8,1-2). HERÁCLITO (500/4 a. C.): es el filósofo del devenir. "Panta rhei" (todo fluye) nos dice en uno de sus fragmentos; pero por debajo de ese fluir constante algo, EL FUEGO o LOGOS que impregna todas las cosas, permanece uno e idéntico a sí mismo y le confiere unidad, orden y permanencia a ese devenir que, divorciado de un principio supremo, no se diferenciaría en nada del caos inicial del que hablaba la mitología. Pues a pesar de que todo deviene y pasa del ser al no-ser, y, aunque no nos podamos sumergir dos veces en el mismo río (fr. 91) porque ni ese río ni nosotros somos siempre lo mismo, el lagos (o fuego) que todo lo impregna y es inmanente al orden universal permanecerá por siempre idéntico a sí mismo. Heráclito comprende el dinamismo del ser en el devenir, pero también intuye que sin un principio de unidad y permanencia solo el caos subsistiría, pues caótico sería el devenir sin el lagos ordenador y eterno. "Escuchando a la Razón (lagos) y no a mí, es sabio reconocer que lo Uno es todas las cosas" (fra. 50), nos dice en uno de sus fragmentos y agrega: "...este mundo, el mismo para todos los seres, no lo ha creado ninguno de los dioses o los hombres, sino que siempre fue, es y será fuego eternamente vivo, que se enciende con medida y se apaga con medida" (fra. 30). Como vemos, el filósofo del devenir es, también, el del logos universal, eterno y unificador. Esta necesidad de universalidad y permanencia, monolítica y sin fisuras en Parmenides, dinámica y fluente en Heráclito, marcará con su impronta toda la filosofía posterior. EMPÉDOCLES de Agrigento (492 - 432 a. de C.) toma de Parménides el principio de la eternidad e indestructibilidad del Ser. "No hay ninguna posibilidad de que nada nazca de 1o que no existe de algún modo, y es imposible e inexpresable que lo que es pueda perecer, porque siempre el Ser estará ahí donde encontramos siempre un punto firme" (fra. 12), nos dice en uno de sus fragmentos. No por esto deshecha lo que la experiencia le muestra, o sea, la mutación de todas las cosas; pero, al igual que Heráclito, intuye un principio de unidad racional que, en alguna medida, identifica con el Ser de Parménides. Los atomistas, LEUCIPO (420 a. de C.) y DEMÓCRITO (460 - 370 a. de C.) no pueden sustraerse a la influencia de Parménides y conciben el átomo (lo indivisible) de modo semejante al que este concebía al Ser. "Hablando con propiedad - nos dice Aristóteles reproduciendo el pensamiento de Leucipo-, el Ser es un lleno absoluto (compacto y sin fisuras), pero este Ser constituido de tal manera no es uno (como afirma Parménides), sino que son infinitos en multiplicidad e invisibles por la pequeñez de las masas" (De genero corrup. I,8,325). Pero los átomos, aunque intrínsecamente inmóviles e inmutables, se mueven en el vacío, originando con dicho movimiento el nacimiento y la destrucción de todos los seres. Los atomistas intentan conciliar con su doctrina las exigencias racionales del ser parmenideo con la pluralidad y movilidad de la naturaleza. -~. - ... ANAXAGORAS de Clasomenes (500/496 - 428/27 a. de C.) llamó "homeomerías" a las partículas invisibles que eran el principio constitutivo de los seres. Pero el concepto mas importante que introdujo en la filosofía fue el de Nous (espíritu o inteligencia), "... que es la mas Materia : Introducción a la filosofía Profesor : Pedro Ballester - 7 - sutil, la más pura de todas las cosas y tiene razón sobre toda cosa y posee el máximo poder... . El Espíritu (Nous) ordenó todas las cosas, todas las que deberán ser, las que fueron y no son, las que son ahora" (fra. 12). Este principio, inteligente e inteligible, será retomado posteriormente, con las salvedades de cada caso, por Sócrates, Platón y Aristóteles, pensadores estos en los que culmina el pensamiento griego y cuya influencia - sobre todo la de los dos últimos- se hará sentir a lo largo de los siglos en toda la filosofía occidental. LOS SOFISTAS Y SÓCRATES Los sofistas aparecen en un momento crucial de la vida política griega: el surgimiento de la democracia en las distintas ciudades estado. Esto trajo como consecuencia que la palabra se convirtiese en un instrumento de poder que, bien manejado, hacía poderoso a quien la utilizaba. En vista de esto los sofistas impartieron sus enseñanzas. Se preocuparon fundamentalmente por los problemas éticos, jurídicos y políticos o, en otros términos, por el hombre en función de las necesidades y exigencias sociales del momento. Esta exigencia los llevó, al menos a muchos de ellos, a relativizar los conocimientos, en el sentido de que la verdad, en vista de que estaba en función de lo político y el poder, era la verdad de cada uno (o del partido o la clase social a la que pertenecía). Por lógica consecuencia, las palabras, que son en definitiva la expresión de nuestro saber, tomaron significados variados, o, si se prefiere, quedaron impregnadas de esa ambigüedad propia del discurso político, cuya finalidad, más que mostrar la verdad, es convencer otros que la opinión que se defiende es la verdadera. Esto no quiere decir que los sofistas se dedicaran con exclusividad a la enseñanza de la retórica y las artes dialécticas. Tampoco significa que todos ellos hayan impartido las mismas enseñanzas. Los sofistas no formaron escuela. Sin embargo, el hecho de que muchos de ellos consideraron relativo el valor de los conocimientos y de la verdad es algo indiscutible. Este relativismo, con las restricciones que cada caso impone, se puede sintetizar en esta frase de Protágoras (480 - 410 a. de C.): "El hombre es la medida de todas las cosas: de las que son en cuanto son y de las que no son en cuanto que no son". A este relativismo se opuso Sócrates (470 - 399 a. de C.) que, utilizando armas similares a las de los sofistas... (el arte dialéctica y la mayéutica) y preocupado por temas de contenido similar, ve en el conocimiento de lo verdadero la condición de toda sabiduría y virtud. Para Sócrates la verdad es universal. Esta verdad universal se obtiene por el concepto, que es la representación de la esencia de la cosa y se puede expresar por la definición. Concepto y definición son los aportes tal vez más importantes de Sócrates a la ciencia y a la filosofía. El conocimiento, entonces, se hace para Sócrates ciencia de lo universal, de lo permanente. Lo individual y mudable nos brinda un conocimiento relativo y variable. Pero la verdad no es mudable, ya que no es individual sino universal. Con esto Sócrates supera el relativismo de los sofistas y prepara el camino que ha de seguir Platón, su discípulo. Hay que agregar que Sócrates llega a ese conocimiento por medio de su método de indagación llamado mayéutica. La palabra en griego significa "dar a luz" y hace alusión al arte de las parteras. Sócrates logra por dicho método interrogando a su interlocutor que este mismo arribe al conocimiento buscado. El método consiste en interrogar al otro interlocutor simulando ignorancia sobre el tema que se trata. Es la ironía socrática. Luego se instala un diálogo entre los interlocutores y se llega a la verdad que se estaba buscando. PLATÓN (428/7 a. de C.-347 a .de C) Platón nació en Atenas en el seno de una familia aristocrática. Fue discípulo de Sócrates y maestro de Aristóteles. Se interesó en su juventud por la poesía y la política. Deja la política y se dedica al estudio de la filosofía. Funda la Academia, institución dedicada a la enseñanza y muere en Atenas ya en su vejez. Los antecedentes históricos del pensamiento platónico pueden remontarse casi hasta el origen de la filosofía griega. Su concepción es una síntesis de la especulación filosófica anterior: Todos los problemas que los antiguos filósofos se habían planteado con respecto a la naturaleza y el hombre encuentran su culminación en ella. Sin embargo su filosofía no es una conclusión definitiva, es decir, un sistema cerrado en el que se le de una respuesta concluyente a todas las cuestiones filosóficas. Antes bien, la doctrina platónica tiene la virtud de plantear los problemas de tal modo que las mismas respuestas se constituyen a la vez en problemas que exigen nuevas y ulteriores reflexiones. Entre las influencias más notables recibidas por Platón debemos destacar la de Sócrates, su maestro; la de los pitagóricos, con cuyas doctrinas simpatizaba, y las de Heraclito y Parmenides. De este último toma la idea de que hay una realidad aparente: la que nos muestran los sentidos y cuyo modo de conocimiento es la opinión; y otra verdadera, que puede ser aprehendida por la inteligencia y cuyo modo de conocimiento es la ciencia o episteme. De Heráclito recoge, aunque negativamente, su concepción del devenir, que rechaza porque considera que no puede ser objeto de conocimiento. Los pitagóricos ejercen una influencia considerable en su doctrina. Recibe de ellos la creencia en la transmigración de las almas -en la que fundamentara su teoría del conocimiento- y la idea de la substancialidad de los números, que cumplirá un importante rol en su ontología (teoría de la real). De Sócrates, su maestro, eI personaje principal en casi todos sus diálogos, asimila la necesidad de investigar lo universal, el concepto, o sea, la idea esencial de las cosas. Platón, como lo veremos luego, sitúa, por así decirlo, estas ideas en un mundo ideal cuyas características son similares a las del Ser de Parménides y a los números de los pitagóricos. Las ideas no son en el Mundo Ideal tan solo conceptos mentales de validez universal - como lo eran para Sócrates -, sino entes reales capaces de subsistir por sí mismos, independientes de la mente que las piensa. El método dialéctico, específico del sistema platónico, tiene su origen en distintas vertientes. Como "arte, dialéctico" (dialectike tekné) proviene de los sofistas y Sócrates (en tal sentido se lo puede definir como una confrontación dialogal (discusión) entre dos interlocutores); y en tanto que argumentación dialéctica (llamada también por reducción al absurdo) tiene su origen en Parménides y en su discípulo Zenón de Elea. En esta clase de argumentación no es necesaria la intervención de dos interlocutores, porque "lo dialéctico" se encuentra dentro del mismo argumento. Este tipo de razonamiento consiste en suponer 1o que ocurriría si una proposición dada, considerada verdadera, fuese negada. Platón recurre, en muchos de sus diálogos, a este modo de argumentación. Platón considera que la realidad son las de las ideas. Estas se encuentran en un mundo ideal separado del mundo sensible. ¿Cómo es posible conocer ese mundo inteligible constituido por ideas? Ideas que son reales porque no se corrompen y permanecen inalterables por el resto de la eternidad. ¿Acaso es posible acceder a una realidad separada del mundo sensible en que vivimos por algún medio? Platón responde afirmativamente, porque nuestra alma, que ha existido en ese mundo antes de entrar en el cuerpo, puede, correctamente educada, Materia: Introducción a la filosofía Profesor: Pedro Ballester - 2 - recordar lo que vio en él. "...yo he oído decir que el alma -dice Sócrates en el "Menón"-, siendo inmortal, ya habiendo nacido muchas veces y visto las cosas de allá arriba y las de aquí abajo, todo en suma, nada hay que no haya aprendido. Por lo que es asombroso que pueda recordar lo que ya conocía" (Menón, XIV-XV, 81,82). El alma conoce cuando recuerda lo que vio en el mundo de la verdad. Platón llama reminiscencia(o anamnesis) al recuerdo que tienen los hombres de la vida anterior, en la que contemplaban directamente las ideas. Las cosas de este mundo (sensible) son las sombras de aquellas, pero operan como estímulos que despiertan en nosotros el recuerdo de los modelos ideales de los que son copias. El conocimiento de las ideas es el verdadero saber, puesto que sólo pude de haber conocimiento de lo universal y necesario. La ciencia (episteme) es el conocimiento que tenemos del mundo inteligible. Platón destaca dos aspectos muy importantes al respecto: Por una parte está el conocimiento discursivo (dianoético), que consiste en razonar a partir de las figuras visibles (o imágenes geométricas) estableciendo relaciones entre ellas con el objeto de llegar a lo inteligible. Por encima de éste esta la intuición intelectual o nóesis, que es el que le permite al alma (intuir) las ideas directamente. Esta es la forma superior de conocimiento, el que constituye la verdadera episteme. El conocimiento de las cosas sensibles, en cambio, no es más que opinión (doxa), y esta basado en las conjeturas o en la imaginación (eikasía), o en la fe (pistis). Los filósofos se diferencian de los que no lo son porque conocen las esencias, o sea las ideas, que es el verdadero saber. . En la alegoría de la caverna (que Platón relata en la "República") se compara a los que están prisioneros dentro de ella con los hombres que viven en este mundo, esclavos de los sentidos y el cuerpo; y al sabio con aquellos que logra liberarse de las cadenas que los sujetan a este mundo y logran salir a la superficie donde pueden contemplar la luz del sol. Esta alegoría suele interpretarse de varios modos. Los que están el caverna y de espaldas a la entrada de la misma ven proyectarse sobre la pared opuesta la sombra de las cosas iluminadas por detrás por la luz solar. Creen que las sombras que ven sobre la pared son las cosas reales y en función de esa creencia ilusoria organizan sus vidas. Viven engañados porque no conocen la verdadera realidad, la que está afuera. Cuando uno de ellos logra liberarse y sale al mundo exterior al principio se ve deslumbrado por la luz del sol. Al principio se siente perdido y confundido, pero poco a poco se va acostumbrando a la luz solar y comienza a ver las cosas tal cual son: las ideas. En el mundo iluminado por el sol están los que alcanzan la sabiduría que no son otros que los que consiguen liberarse del mundo de las sombras y la ilusión por medio del conocimiento. La idea más importante del mundo inteligible es la idea de Bien, que es el sol del mundo inteligible. Cuando uno de los que ha conseguido liberarse retorna al interior de la caverna con la intención de enseñar los demás lo que ha visto corre un gran riesgo. Puede suceder que lo tomen por loco y se rían de él o algo más grave: que lo maten. Esto es lo que sucedió con Sócrates cuando intentó hacerles ver la verdad a los atenienses. Pues Sócrates intentó hacerles comprender a los atenienses que la verdad era universal y que las leyes del estado que se apoyaban en esas verdades universales estaban por encima de la voluntad de cualquier gobernante, por más poderoso que fuera. Con esto intentó superar el relativismo de los sofistas que a partir de la relatividad de la verdad infirieron la relatividad de las leyes del estado. Materia: Introducción a la filosofía Profesor: Pedro Ballester - 3 - Sócrates puso las leyes por encima del capricho de los gobernantes de turno. Cuando se lo acusó de corromper a la juventud se defendió diciendo que no solo no había corrompido a los jóvenes sino que había contribuido en su educación. Entonces le exigió al estado ateniense una pensión para el resto de su vida por los servicios que había prestado. Sus jueces, que era la asamblea del estado, lo condenaron a muerte. Ya en la prisión se dispuso a beber la cicuta, el veneno que ingerían los condenados a muerte. Pero ni sus amigos ni sus enemigos querían que Sócrates muriera. Los que lo condenaron pensaron que Sócrates terminaría por huir y de esa manera evitaría la pena. Los amigos le propusieron el exilio, a lo que se negó aduciendo que no podría vivir lejos de ellos y menos en otra ciudad que no fuese Atenas. La actitud ejemplar de Sócrates responde una posición ética coherente: no podía borrar con el codo lo que había escrito con la mano. Durante toda su vida había defendido la verdad. También había bregado por un estado con leyes justas e iguales para todos. No podía ser él mismo una excepción a la regla. Había sido condenado a muerte por la Asamblea del pueblo, cuya palabra tenía fuerza de ley, por lo tanto debía aceptar la pena. Sócrates con esta actitud se convierte en un defensor del derecho positivo. Pues la ley que emana de la Asamblea, que es soberana, es una ley positiva, aunque no escrita, y para Sócrates está por encima de cualquier otro derecho. LA METAFÍSICA (ontología) Preguntarse ¿"Que es la realidad?", cuando se estudia a Platón, es lo mismo que preguntarse ¿qué son las ideas?, porque las ideas son la realidad. Las cosas del mundo sensible son una copia de aquellas. Estas copias han sido modeladas por un Demiurgo (Dios) que ha tomado por arquetipos a las ideas. Estas son los modelos que le permiten a ese Demiurgo dar forma a la materia, que es el constitutivo básico del mundo sensible. Pero ¿qué relación - aparte de la que establece el Demiurgo- hay entre las cosas sensibles y las ideas de las que han sido copiadas? En primer lugar, las cosas son como imitaciones de las ideas. En segundo lugar, podemos decir, que las ideas están presentes en las cosas, o, si se prefiere, que éstas participan de aquellas. Sin embargo, como esto último implicaría que las ideas, al ser participadas, se dividirían en partes (lo que va en contra de su unidad y permanencia en el mundo inteligible), Platón acaba por decir que la participación no es mas que imitación y la presencia tan solo semejanza. De todos modos, trátese ya de participación o de imitación, lo cierto es que la relación entre las ideas y las cosas (y entre las ideas mismas), genera una serie de problemas más o menos complicados. El primero de ellos es el siguiente: ¿todas las cosas de este mundo, incluidas las despreciables y viles, tienen un modelo eterno y divino en el mundo inteligible?. La respuesta de Platón es incierta al respecto, pero, no obstante, el problema queda planteado. La segunda cuestión - no menos ardua que la primera- surge del análisis de la relación y conexión entre la multiplicidad de ideas existentes, que se refleja en nuestro pensamiento cuando establecemos conexiones entre ellas. Esto lleva a Platón a una revisión crítica de su sistema. Pues las conexiones entre las ideas implica el movimiento; pero el mundo ideal - como lo hemos visto- tendría que ser inmóvil. Platón ha sostenido esto en la primera fase de su pensamiento. Sin embargo, frente al problema acaba por afirmar que las ideas, así como el alma que las contempla, poseen vida y movimiento. Esto no quiere decir que las ideas puedan comunicarse todas con todas. Hay ideas que son incompatibles Materia: Introducción a la filosofía Profesor: Pedro Ballester - 4 - entre sí, como es el caso de los opuestos (frío - caliente); pero hay otras, como las de ser, uno, todo, que cumplen una función de enlace. La ciencia capaz de establecer correctamente los enlaces y conexiones entre las ideas es la dialéctica. Gracias a su concurso podemos saber cuales unen y cuales desunen, y cuales son las ideas de especies superiores y cual la idea suprema entre todas. Para Platón las ideas mas importantes son cinco: ser, reposo, movimiento, idéntico y distinto. La idea suprema es el Bien, al que llama Sol del mundo inteligible, que impregna a todas las otras, así como el sol del mundo sensible ilumina las cosas, comunicándoles ser y verdad a lo conocido. En su última etapa Platón identifica las ideas con los números, como lo hacían los pitagóricos. Estos números son inteligibles, no sensibles o imaginab1es, y la idea de Uno llega a confundirse con la de Bien. A esta idea suprema Platón la llama, también, "Tó pantelós ón", o ser total y también el ser perfecto. ANTROPOLOGÍA Y ÉTICA En Platón la antropología (ciencia del hombre) está estrechamente ligada con la ética (estudio de las nociones de acto moral, deber, responsabilidad, libertad, bien moral, etc.). Es difícil establecer un límite preciso entre ambas disciplinas. Para comprender dichos límites es necesario un conocimiento somero sobre amabas. Provisoriamente se puede decir que mientras la antropología estudia al hombre tal cual es, es decir en su esencia; la ética se ocupa del deber ser, o sea que considera al hombre en función de su perfección posible como ser humano. Para Platón el alma es la esencia del hombre. Esto quiere decir que el hombre es, en última instancia, su propia alma. Su origen es divino, ya que ha existido antes en el mundo inteligible, y su naturaleza es semejante a la de las ideas, a las que ha contemplado directamente antes de entrar en el cuerpo. Precisamente por esto es capaz de conocer; pues recuerda 1o que ha visto (reminiscencia) en su vida anterior. De lo dicho se infiere que es inmortal; el hecho de que pueda recordar lo que vio es una prueba de ello. "Aprender- dice Platón- no es sino recordar, pues es preciso haber aprendido antes lo que se recuerda en el presente. Y ello no seria posible, si nuestra alma no hubiese vivido en otro lugar, antes de que hubiese entrado en esta forma de hombre; por esta razón, se hace evidente que el alma es algo inmortal" (Fedón, 7III, n ,3). Pero esta prueba que nos da Platón solo sirve para demostrar la preexistencia del alma y no su supervivencia después de esta vida. ¿Cómo se prueba esto? Por la identidad de naturaleza del alma con las ideas. Estas son simples, inmutables y eternas, lo mismo que el alma, que también es simple y, por lo tanto, incorruptible, ya que todos los compuestos pueden disolverse en sus partes, como sucede, por ejemplo, con las cosas del mundo sensible. Por eso nuestro cuerpo es corruptible y mortal, mientras que nuestra alma subsiste aún después de la muerte puesto que lo simple no puede corromperse y morir. Además el alma participa de la idea de vida y es incompatible con su contrario: la muerte. También es principio de movimiento, y, en tal sentido, también es inmortal, porque es inmortal lo que se mueve siempre. Pero si una cosa mueve a otra, y es movida por otra, en aquella hay cesación de movimiento y también cesación de vida. Entonces, “únicamente, lo que se mueve de por sí, (...) no cesa jamás de moverse, sino que es fuente y principio de todas las cosas que se mueven. Y como principio no es engendrado (...) y por ello es incorruptible también... y si verdaderamente es así, que lo que se mueve a sí mismo no es otra cosa sino el alma, el alma sería, necesariamente, sin nacimiento e inmortal" (Fedro, IV, Materia: Introducción a la filosofía Profesor: Pedro Ballester - 5 - 245,6). y nada puede destruirla; ni siquiera su propio mal, como serían el error, la injusticia y la ignorancia. En todo caso si peca, debe pagar una pena, y esa pena por sus faltas es la reencarnación. Por eso las almas puras viven eternamente en el mundo ideal, mientras que las impuras deben transmigrar de unos cuerpos a otros para purificarse. Pero cómo es posible que siendo de naturaleza divina el alma pueda pecar. Platón, no sin contradecirse (en lo que hace a la simplicidad del alma), responde con la teoría de las tres facultades. Estas facultades son la razón, la pasión y el apetito. A cada una de ellas le corresponde un modo o tipo de alma. Así esta el alma racional (alma de la cabeza), que es la que domina y gobierna por medio del conocimiento y la ciencia; el alma pasional (o alma del pecho), sede de las virtudes guerreras, que no siempre se deja dominar por el alma racional y que, a veces, se deja engañar por la opinión, incurriendo de este modo en el error; y, finalmente, está el alma concupiscible o apetitiva (alma del vientre) que está sujeta a las sensaciones y los deseos sensibles. La relación entre las tres almas Platón las explica relatando el mito del cochero y el carro alado. El susodicho carro es tirado por dos caballos, uno blanco y otro negro. El primero representa al alma pasional, y es más dócil que el negro, que simboliza el alma apetitiva. El cochero es el alma racional, que gobierna y dirige los caballos. El pecado se produce cuando el caballo negro, más rebelde e indomable que el otro, arrastra consigo al cochero y a su compañero para satisfacer sus apetitos. Los dos caballos re presentan las pasiones del cuerpo, pasiones de las que alma racional aspira liberarse. Logra esto no por el suicidio, puesto que la violencia contra nosotros mismos no nos puede purificar, sino por medio del amor y la virtud. La virtud es el esfuerzo que realiza el alma por purificarse. Es una y múltiple también, porque son tres las partes del alma. De tal manera que la virtud del alma racional no es la misma que la del alma pasional ni de la concupiscible. La virtud de la primera es la sabiduría, el valor o el coraje la de la segunda, y la temperancia corresponde a la tercera. Las tres virtudes se equilibran mutuamente, y las tres partes del alma deben convivir en armonía, de lo contrario ninguna de las virtudes puede realizarse. La falta de armonía es la consecuencia de la rebelión y la insubordinación de las almas inferiores, y es necesario el cultivo de una cuarta virtud, la justicia para que reine la armonía entre todas. Esta armonía implica la tranquilidad y la felicidad de quien la posee; todo lo contrario sucede con quien practica la injusticia, que es causa de la infelicidad e intranquilidad... Platón afirma que para evitar que la injusticia predomine sobre la justicia es necesario esforzarse. El hombre debe tratar de alcanzar la espiritualidad pura, y para ello debe amar; pero no amar cualquier cosa del mundo sensible, sino las cosas bellas, y luego buscar en ellas la belleza que les es común con otras y también amarla. Esto nos permitirá ver la belleza de las ideas, de la cual las cosas bellas participan y así, ascendiendo de un grado a otro llegaremos a la contemplación de la belleza en sí, absoluta y eterna. Este ascenso, por medio del amor y el esfuerzo es lo que le permitirá al alma purificarse. La virtud, entonces, es una lucha y una meta a la que aspira el alma. Para alcanzarla será necesario conocer, es decir, contemplar las ideas del mundo suprasensible; pero también es necesario querer, o sea, conquistarla por el esfuerzo de nuestra voluntad. LA POLÍTICA La política de Platón está estrechamente ligada a su antropología y a su ética. La idea que tiene del estado o república se corresponde con la estructura del hombre. Materia: Introducción a la filosofía Profesor: Pedro Ballester - 6 - La concepción del estado es elitista. Este está dividido en clases o estratos sociales; cada uno de los cuales se corresponde, paralelamente, con cada una de las almas y sus virtudes específicas. La función primordial del estado es educar y procurar el mayor bien para cada uno de sus ciudadanos. En este sentido el estado aparece investido de una tarea ética, que es lograr la elevación moral de los ciudadanos. Para esto se debe mantener en su seno el mismo un orden jerárquico que es necesario en el alma individual. La clase superior es la de los que dirigen, o sea los filósofos cuya virtud es la sabiduría; le siguen los guerreros cuya virtud es el coraje; finalmente están los artesanos a los que les corresponde la virtud de la templanza. Si cada una de estas clases cumple con la función que le es propia y ninguna de ellas se subleva contra la que es superior en jerarquía, imperará la justicia, virtud esta que les confiere unidad a todas las otras y que es común a ellas. ARISTÓTELES (384 a. de C - 322 a. de C.) Aristóteles nació en Estagira en el año .384 a. de C. A los 18 años entra en la Academia como discípulo de Platón, al lado del cual permanece durante 20 años hasta la muerte del maestro. Parte entonces al Asia Menor, donde con otros compañeros funda una escuela semejante a la Academia. Durante tres años permanece en Assos, ciudad en la que se había radicado, y luego vive en Mitilene. En el 342 a. de C. marcha a la corte macedónica para encargarse de la educación del hijo de Filipo, rey de Macedonia, Alejandro Magno. Cuando Alejandro asume el reinado Aristóteles regresa a Atenas y funda una escuela, el Liceo. La escuela se convierte, con el tiempo, en un centro de investigación científica. Todas las ramas del saber de la época son cultivadas en ella. Allí se estudia filosofía, historia, física, matemáticas, lingüística, ciencias naturales, política, etc. Luego de 12 años de intensa actividad Aristóteles se va de Atenas, y al año siguiente (322) muere en la ciudad de Calicis. en la isla de Eubea, a los 62 años de edad. EL CONOCIMIENTO Aristóteles sigue la línea de pensamiento iniciada por Sócrates, que culmina en la filosofía de Platón. Sin embargo hay diferencias muy marcadas entre el pensamiento de este último y la concepción aristotélica. Platón tratará de darle una respuesta satisfactoria a la antinomia entre lo uno y lo múltiple, el ser y el devenir, planteada por Parménides pero no resuelta por él. El ideal científico de Platón - común a casi todos los griegos - lo llevara a buscar un saber perfecto y acabado, universal y objetivo. Para ello separa, en primer lugar, la razón de los sentidos. Solo la primera puede darnos conocimientos verdaderos. Luego coloca la idea, el ser, fuera del devenir y se desentiende de este porque lo considera ilusorio. Todos sus intentos por conciliar esas dos realidades serán vanos. El mundo inteligible acabará por convertirse en la única realidad, y el mundo sensible quedara reducido a una mera apariencia, la sombra confusa del primero. Ya no habrá en Platón dos realidades, el mundo es uno solo: el cosmos noeticós. De este modo la contradicción entre lo uno y lo múltiple quedara aparentemente resuelta en favor del primer extremo, suprimiendo simplemente al segundo. Pero esta solución, que de algún modo ya Parménides había logrado, traerá aparejados una serie de problemas. El ser de Parménides es efectivamente uno e indivisible. El mundo ideal de Platón, en cambio, estará compuesto por una pluralidad de seres: las ideas. Casi podría decirse que en el mismo seno del cosmos noeticós la dicotomía entre lo uno y lo múltiple vuelve a plantearse y a quedar sin solución. Aristóteles intentará resolver el problema. y para ello, en vista de las dificultades que se derivan de suponer la existencia de una realidad absolutamente inteligible, lo primero que hará será rechazar la separación entre las ideas y las cosas. Pues comprende que no solo no se puede explicar la realidad del mundo natural a partir de ideas que están fuera de él, sino que tampoco se halla solución alguna para la antinomia entre lo uno y lo múltiple en el orden lógico - ideal del mundo platónico. Por otra parte, Aristóteles considera que una ciencia como la filosofía tiene por objeto encontrar la razón de los fenómenos que acaecen en el mundo sensible, por lo tanto tiene que buscar esa razón en el interior de las cosas mismas y no en un supuesto mundo ideal que, aunque satisfactorio para el pensamiento, no logra explicar ni el movimiento ni los cambios de la naturaleza. Ya hemos visto que poco puede servir un mundo inteligible, por mas perfecto que pueda ser, si con ello no podemos lograr un conocimiento de las cosas tal como son. Aristóteles, Materia: Introducción a la filosofía Profesor: Pedro Ballester - 2 - como ya el mismo Platón lo había visto, se da cuenta que es imposible sentar las bases de una ciencia del devenir a partir de una teoría de las ideas. El devenir no puede ser objeto de conocimiento, puesto que pasa constantemente del ser al no ser y viceversa. Cuando queremos conocer algo ese algo ya no es. Desde este punto de vista es lógico suponer, como lo hizo Platón, que la filosofía, como ciencia de la realidad, debe buscar la verdad en un orden ideal. La verdadera realidad. que debe ser permanente y estable, no puede estar en las cosas del mundo natural. Sin embargo, Aristóteles, aún sin desconocer la importancia del orden ideal, advierte la necesidad de que ese orden debe formar un todo indivisible con el orden sensible. Pues las cosas de este mundo están y existen. Es más, son los individuos compuestos de materia y forma los que constituyen la verdadera realidad, y no las ideas platónicas. "La realidad - dice Aristóteles - en el sentido primero, riguroso y verdadero de este término, es lo que no es ni predicable de un sujeto, ni presente en él, por ejemplo, un hombre o un caballo particulares" (Metaf. XII,8) .Y quien esto afirma no puede conformarse con una doctrina que hace de las sustancias, los entes reales, algo distinto de lo que son las cosas. Las sustancias no pueden ser ideas, como lo sostiene Platón, deben ser las cosas mismas. La realidad concreta es, en suma, el individuo. Pero el individuo no puede ser objeto de ciencia. Puedo tocarlo, verlo, oírlo, etc., pero no puedo inteligirlo. ¿Cómo explicar racionalmente aquello que tan solo puedo aprehender sensiblemente? ¿Hay algo en el individuo que sea inteligible? ¿Podemos hallar en cada cosa algo que nos permita adquirir un conocimiento universal, estable y necesario? ¿Podemos, hablando en otros términos, tener un conocimiento verdadero, capaz de satisfacer plenamente a la inteligencia, a partir del conocimiento de los individuos? Para que esto fuese posible sería necesario que en cada cosa, en cada sustancia particular, hubiese algo susceptible de ser aprehendido intelectualmente. Algo semejante a las ideas de Platón, pero no separado de las cosas sino en el interior de ellas mismas. Ese algo debe ser lo que hace que cada cosa sea lo que es y no otra distinta. Es lo que hace que el hombre sea hombre y no árbol. Platón diría que ese "algo" es la Idea de Hombre., idea que existe separada en el mundo ideal. Pero Aristóteles no acepta esto. La idea, que es la esencia de cada cosa, debe estar en ellas y no en otro mundo. Ahora bien, las cosas son muchas. No hay un sólo hombre, sino una multiplicidad de ellos. Esto quiere decir que la esencia debe ser común a todos los hombres. Algo que estando en cada uno no es, sin embargo, patrimonio exclusivo de cada uno. Si es así, la esencia ya no puede ser el individuo. Por lo tanto no puede ser captada por los sentidos, puesto que estos solo aprehenden lo individual. Pues si la esencia as común a un conjunto de individuos debe ser algo general, o, si se prefiere, universal en relación a la particularidad de cada sujeto. Evidentemente, la esencia no es algo empíricamente observable. Pero esto no significa que estemos imposibilitados de aprehenderla. La inteligencia puede captarla y conocerla y con ello dar la base para la ciencia. La ciencia nos permite saber lo que las cosas son en sí mismas. El conocimiento sensible, ya lo hemos visto, solo nos permite conocer un aspecto de la realidad: los individuos particulares. El conocimiento intelectual, científico, nos lleva hasta las esencias universales. Ahora bien, cuál de los órdenes, el sensible o el inteligible, constituyen la verdadera realidad. Ninguno de los dos por separado. Los individuos son las sustancias primeras, las causas de los cambios y acciones (como el crecimiento, la reproducción, el movimiento local, etc.) que se observan en el mundo corpóreo. Son, podríamos decir, el acto mismo de ser. Pero "los individuos son lo que son por las esencias, llamadas también "sustancias segundas”. Estas son aquello que hace ser a cada individuo de una determinada forma y no de otra. Esa forma, que lo determina como hombre, perro, caballo, etc., es específica, es decir, común a todos los individuos de una misma especie. A la vez, las sustancias segundas y las sustancias primeras, las especies y los individuos que las componen, constituyen una sola y única realidad. No hay individuo que no pertenezca a una especie determinada y no hay especie sin individuos actualmente existentes. Materia: Introducción a la filosofía Profesor: Pedro Ballester - 3 - La esencia, por ser universal, es lo que nosotros conocemos intelectualmente. Lo que conocemos 1o conocemos en y por su esencia. También podemos definir a la esencia, o sea, expresarla verbalmente por medio de una proposición. Definir es decir 1o que una cosa es, como cuando de "hombre" decimos que es un animal racional. Con esta expresión hacemos explícito el concepto de hombre, o sea, la representación intelectual que tenemos de su esencia. Estas representaciones intelectuales de las esencias son también universales y son la base sobre la cual se estructuran las ciencias. Ahora bien, ¿cómo adquirimos los conceptos por medio de los que nos representamos la esencia. de las cosas? En primer lugar, debemos diferenciar dos procesos paralelos: uno de orden gnoseológico, al que llamamos abstracción, y otro de orden lógico, denominado razonamiento. Acotemos que por medio de la abstracción aprehendemos la esencia de las cosas, que en el plano lógico se traduce en la formulación de definiciones, leyes generales y raciocinios. Aristóteles dice, a este respecto, "... que aquello de que se posee ciencia estricta no puede ser de otra manera de como se conoce (por lo tanto) tiene que ser forzosamente algo necesario todo aquello que conocemos con saber apodíctico. Y es apodíctico aquel saber que se da como resultado de una demostración. Por eso es la demostración un proceso racional por medio del cual se deduce (silogísticamente) algo de cosas necesarias" (Anal. post. A;4). Ahora bien, las " cosas necesarias" son las esencias y sin el conocimiento de estas no sería posible hacer deducciones apodícticas, puesto que para concluir apodícticamente es necesario partir de premisas apodícticas. Demostrar es, valga la expresión, hacer ver lo que se quiere fundamentar en su fundamento mismo, es decir, en su esencia. Mostrar la esencia de Sócrates en Sócrates es deducir apodícticamente que: si todo hombre es racional y Sócrates es hombre, entonces Sócrates es racional. Pero ¿cómo se dan, antes de razonar, las esencias en nuestro entendimiento? resolver esta cuestión es decisivo si se quiere fundar una ciencia sobre bases necesarias. Y con ello nos introducimos en el problema del origen del conocimiento. Para Platón el conocimiento de las esencias se lograba recordando lo que habíamos visto en el mundo inteligible. El suyo era un conocimiento a priori, es decir, anterior a la experiencia. Pero Aristóteles, que considera que las esencias están en las cosas singulares, no va a recurrir a la reminiscencia para explicar el conocimiento, puesto que nada hay que recordar ya que el mundo inteligible no existe. Además, "el universal (la esencia) se nos da siempre a partir de las cosas singulares" (Eth. Nic.Z,12), o sea que para conocer debemos partir de la percepción sensible, o sea de la experiencia. Pero la experiencia no nos brinda el conocimiento de la esencia, sino simplemente imágenes sensibles de las cosas. Aristóteles va a explicar el proceso por medio del cual nos formamos las imágenes de los objetos del siguiente modo: a partir de las sensaciones que provienen de los cinco sentidos específicos (vista, oído, olfato, tacto y gusto, la mente, gracias al concurso de un sexto sentido llamado sentido común, forma una imagen del objeto. Esta imagen no desaparece al terminar la excitación producida por los estímulos sensoriales, sino que permanece en nuestra conciencia, Este tipo de conocimiento es común al hombre y a los animales, ya que estos también tienen percepciones sensibles. Para el hombre las imágenes del sentido común constituyen solo una parte del conocimiento, su nivel inferior, puesto que las imágenes no son todavía la representación de las esencias. Es necesaria la intervención de una facultad específica del hombre para captarlas: el intelecto. Este es el que va a abstraer, a capturar. por decirlo así, lo que hay de inteligible en las imágenes sensibles. Ahora bien, el intelecto (o entendimiento) cumple dos funciones: por una parte forma representaciones muy generales, que son el resultado de imágenes sucesivas que se tienen luego de haber percibido muchos objetos semejantes. .Podemos, por ejemplo, tener la representación de lo que es una casa en general luego de haber percibido varias casas particulares. A esta representación, que es algo así como una imagen Materia: Introducción a la filosofía Profesor: Pedro Ballester - 4 - desdibujada, nos la representamos por medio de una función del entendimiento: el intelecto pasivo. En este intelecto el sentido común ha "impreso", valga la expresión, la forma de la imagen sensible. Pero esta representación no es todavía el concepto universal por medio del cual nos representaríamos la esencia de casa. El conocimiento que nos brinda el intelecto pasivo es en potencia la idea de la cosa. Para que esa esencia sea conocida en acto por el entendimiento es menester la intervención del intelecto agente o activo. Este, según palabras del mismo Aristóteles, actúa como la luz, que hace visibles los colores que no se ven en la oscuridad. El entendimiento agente actualiza, hace efectiva, la esencia ideal, el concepto, que estaba potencialmente en la representación del intelecto pasivo. Podemos decir que la representación que se da en este ultimo es como la materia prima del conocimiento, que necesita de una forma determinante capaz de actualizarlo , de hacerlo verdadero conocimiento universal. El intelecto agente es el que ordena, con la forma esencial, la materia prima aún indeterminada de la representación del intelecto pasivo, así como nosotros ordenamos, mediante la forma de las palabras, la materia con la que las componemos, es decir, las letras. LA METAFÍSICA Sustancia y accidente. Las categorías del ser. "Hay Una ciencia que estudia al ser en tanto que ser y las condiciones que le son intrínsecas por sí mismo. Ella no se identifica con ninguna de las que tienen un objeto particular de estudio, porque ninguna de ellas estudia al ser en tanto que ser". Con estas palabras comienza Aristóteles el libro IV de la "Metafísica". Y con ellas nos introduce en el tema central de la filosofía especulativa: el estudio del Ser, de sus métodos y de las causas primeras. Pero, ¿qué es el Ser? . Esta pregunta, a la que se le han dado diversas respuestas (ninguna de ellas definitiva) nos introduce en el problema crucial de la metafísica aristotélica. Veamos en que términos plantea Aristóteles la cuestión : "La palabra "ser" se emplea de distintos modos... por una parte significa la esencia y la existencia individual; por la otra, la calidad, la cantidad y cada uno de los atributos (o accidentes) de especie semejante. Pero, aun empleando la palabra "ser" con tantos significados, es evidente que la esencia es el ser primero entre todos estos, como que manifiesta la sustancia. En efecto, cuando queremos expresar una cualidad de un ser determinado decimos, por ejemplo, bueno o malo (pero) cuando queremos expresar la esencia no decimos blanco o caliente o de tres codos, sino, por ejemplo, hombre o Dios. Las otras determinaciones se llaman "seres" porque ellas son las cantidades o las cualidades o las afecciones o algo semejante, del ser así considerado (...). Ninguna de ellas existe naturalmente de por sí ni puede (existir) separada de la sustancia (...). Más bien parecen seres porque hay un sujeto determinado en el que ellas son y este es la sustancia o el individuo (...). En efecto, sin él no puede decirse bueno o sentado (o algo parecido). Es claro, entonces, que solo por medio de aquello (que es la sustancia) puede existir cada uno de estos. De manera que la sustancia será el primer ser, y no cualquier ser, sino el Ser simplemente. Luego, en muchos sentidos se dice el primero; sin embargo, la sustancia es primera entre todos por el concepto, por el conocimiento y por el tiempo. Ninguno de los otros predicamentos puede existir separadamente sino únicamente en ella. Y es primera por el concepto o porque es necesario que el concepto de sustancia sea inherente al de cada cosa. Y cuando sabemos que es una cosa, solo entonces, sobre todo, creemos saber cada cosa... más bien que cuando sabemos cual, cuando y donde, pues también de estas cosas conocemos cada una cuando sabemos qué es la cantidad o la cualidad, etc. Y por ello, antes, ahora y siempre, la investigación y el problema: ¿qué es el Ser? equivale a esto: ¿qué es la sustancia?" ( Metaf. VII, 1). Materia: Introducción a la filosofía Profesor: Pedro Ballester - 5 - Las palabras de Aristóteles nos han llevado al punto crítico del asunto que nos ocupa: determinar qué es la sustancia y sus atributos esenciales (categorías). Hemos visto en el capítulo anterior, que las sustancias son, en primer lugar, los individuos. Pero también hemos señalado que la esencia es la sustancia. Ahora bien, para Aristóteles el termino "sustancia" tiene otras significaciones, aparte de las ya indicadas. "En efecto - nos dice - parece ser sustancia de cada cosa la esencia, lo universal (el concepto), el genero, y, en cuarto lugar, el sujeto. El sujeto es aquello de lo cual se predican los otros (accidentes); en cambio él no se predica nunca de otro... Por eso es necesario determinarlo en primer lugar, pues el sujeto parece ser la sustancia primera por excelencia"(Metaf.VII,3). Es importante explicar el último sentido del termino "sustancia" indicado por Aristóteles. Dice, en el texto, que la sustancia es el sujeto. Este puede ser, por una parte, el sujeto lógico, en tanto cumple la función de sujeto en los juicios. Pero también el sujeto es la sustancia real, efectivamente existente, en el plano ontológico. En tal caso la sustancia es el soporte (el sujeto individual y concreto) en el cual se dan realmente los accidentes. Estos últimos no tienen un ser propio, independiente de la sustancia en la que existen. Así, el color blanco no puede existir separado de la pared que colorea, por ejemplo (aclaremos que no estamos refiriéndonos a la pintura blanca con que se ha pintado la pared en cuestión, sino de lo blanco en tanto que cualidad de un determinado ser, o, si se prefiere, de la blancura de esta cosa que se llama pared). Lo blanco - o la blancura - que para Platón era, en cierto modo, un ser real (una idea) en el mundo inteligible, es decir, una sustancia, para Aristóteles no es de ninguna manera. Esto se debe a que la "blancura" no es ni un individuo, una sustancia primera, ni es tampoco una esencia, es decir, una sustancia segunda. La "blancura'', así como otras cualidades semejantes, necesita de un sujeto sustancial que le sirva de soporte para poder existir efectivamente. Aristóteles llama "accidente" a este modo de ser que necesita de otro para poder ser. Pues el accidente tiene la característica de no ser en sí sino en otro, que es el sujeto en el cual existe, desaparecido el cual desaparece también él. Si se despinta una pared no por eso va a dejar de ser pared; pero si se destruye el color del que estaba pintada, ese color dejará de existir en ella. Lo mismo podemos decir del que, estando sentado, deja de estarlo al pararse. El "estar sentado" o el "estar parado" es un estado de un sujeto cualquiera que, por el hecho de estar en una u otra posición, no dejara de ser lo que es (aún cuando ambas posiciones no puedan ser lo que son, sino en tanto que posiciones de un sujeto determinado), No existen por sí mismos, ni el "estar parado", ni el "ser blanco", ni el "ser petiso", ni el "ser grande", ni el "ser muchos", etc., etc. Para que sean, es necesario que exista algo con capacidad para soportarlos, un substrato, es decir, un sujeto o sustancia primera. Pero, ¿ significa esto que las sustancias individuales, los sujetos reales, pueden existir sin los accidentes?. LAS CATEGORÍAS Un hombre no dejará de ser lo que es por el hecho de no estar sentado o no tener los ojos azules o no tener pelos en la cabeza. Pero esto no quiere decir que ese hombre pueda existir absolutamente sin ningún rasgo accidental que lo caracterice. Es cierto que una determinada cosa, por ejemplo una silla, existe aún cuando la posición o lugar que ocupa se modifique. Pues es accidental que esté en la galería, la cocina o en cualquier otro sitio. No va a dejar de ser silla aunque se la cambie de lugar permanentemente. Pero ¿podría existir sin ocupar alguna posición en el espacio? naturalmente, no. Para el caso del hombre vale el mismo ejemplo. Del hecho que pueda no estar ni sentado ni parado no se infiere que pueda no estar en posición alguna. Si existe tiene que estar en alguna posición, debe ocupar un lugar en el espacio puesto que no puede existir fuera de él. También es accidental que se lave los dientes a la noche (podría lavárselos a la Materia: Introducción a la filosofía Profesor: Pedro Ballester - 6 - mañana); lo que no podría hacer es lavárselos fuera del tiempo. Lo que haga debe hacerlo en el tiempo, su modo real de ser exige que así sea. Es accidental, del mismo modo, que algo sea grande, pequeño o mediano. Una cacerola de juguete, no por el hecho de ser pequeña deja de ser cacerola. El ser pequeña es un accidente de la cacerola, la que no significa que una cacerola cualquiera pueda existir sin tener ningún tamaño. Para ser (y por ser) de un modo real debe tener una magnitud. De lo dicho se desprende que las cosas son de algún modo en la realidad. La experiencia nos muestra a las sustancias siendo de varias maneras determinadas. No podríamos pensarlas ni imaginarlas si no existieran de algún modo. Estos modos de ser de las sustancias reciben el nombre de "categorías". Las categorías resultan, así - como correctamente lo observa Mondolfo - elementos y condiciones necesarias al modo de concebir a lo real como real; si faltase alguno de estos elementos, faltaría la realidad del ser concebido. Las categorías consideradas desde un punto de vista lógico son los géneros supremos, por lo cual Aristóteles afirma que "de las palabras expresadas fuera del nexo del discurso, cada una significa o la sustancia, o la cantidad o la calidad o la relación o el donde o el cuando o la situación o el hábito o la actividad o la pasividad. Sustancia es, por ejemplo, hombre, caballo; cantidad: dos o tres codos; calidad, blanco, gramático; cantidad: doble, medio, mayor; el dónde: en el Liceo, en la plaza; el cuando: ayer, el año pasado; situación: yace, está sentado; hábito: está calzado, está armado; actividad: corta, quema; pasividad: es quemado, es cortado. (Categ.,4,1). En los juicios se predica del sujeto una cualidad o un estado, etc., es decir, que se lo incluye o no en uno de los géneros supremos que es cada categoría. Por ejemplo al decir: la puerta es blanca: sujeto "puerta", cualidad "blanca". La sustancia, desde el punto de vista lógico, también puede predicarse, como cuando decimos de Juan que es hombre. Se predica de Juan su esencia o sustancia segunda, que es la primera de las categorías enumeradas en la lista de Aristóteles. Sin embargo, las sustancias primeras, los individuos efectivamente existentes, no pueden ser considerados, ontológicamente, como una categoría más, puesto que el individuo sustancial no es un modo de ser de alguna cosa, sino que es la cosa misma. Las categorías, por lo tanto, deben ser consideradas como los atributos de la sustancia. Son los accidentes en un sentido absoluto y genérico. Son aquellos de los que ninguna sustancia individual pueden prescindir, ya que sin ellos ningún ser sustancial puede existir. Estos géneros supremos constituyen el objeto formal de las ciencias particulares, "... porque ninguna de éstas considera al ser en cuanto ser de manera universal, sino que, recortando una cierta parte, consideran de este (el ser o sustancia) los accidentes, como por ejemplo, entre otras ciencias, las matemáticas" (Mth, IV,l). Con las categorías quedan puestas las bases para una ciencia de lo accidental, que le permitirá a Aristóteles lograr una comprensión racional del ser en el devenir. Pero no le bastará con esto; para explicar el cambio y las modificaciones constantes de los seres tendrá que precisar dos modalidades (o estados) del ser en movimiento: el acto y la potencia. SER EN ACTO Y SER EN POTENCIA. Observando a las sustancias individuales comprobamos que ellas son las que cambian y actúan en la naturaleza. Ellas son el principio de los cambios y modificaciones que se producen en los seres. Una semilla, por ejemplo, es energía, un acto de ser. Pero la semilla no es aún la planta plenamente desarrollada. Sin embargo hay en ella una planta en potencia. Se puede decir que el acto de ser (o ser en acto) de la semilla "coexiste" con la potencia que en ella hay Materia: Introducción a la filosofía Profesor: Pedro Ballester - 7 - para ser planta (con el ser en potencia de la planta que alguna vez ha de ser). De esto se desprende que los seres existen pasando constantemente del acto a la potencia y viceversa. Cuando un ser esta en acto no es todavía 1o que está en potencia de ser. Una semilla, por ejemplo, no es aún una planta. Sin embargo podemos afirmar que la semilla es en acto y en potencia en la medida que esta siendo, es decir, moviéndose dinámicamente, modificándose en su estructura interna, en cuanto que germen de la planta que tiende a realizarse (actualizarse) como planta. Todos los seres del mundo sensible son una "composición" de potencia y acto. Esto se debe a que las sustancias - tal como las concibe Aristóteles - no son ideas simples e inmutables sustraídas al devenir, como lo pensaba Platón. Sustancias son cada uno de los individuos que componen el mundo físico, sujetos a modificaciones y cambios que son la consecuencia de su propio movimiento interno. Este movimiento no podría explicarse sin recurrir a las nociones de ser en acto y ser potencia. Si las sustancias fueran seres simples, como las ideas de Platón o el Ser de Parménides, el problema del movimiento como cambio interno cualitativo no tiene sentido. Pero es otra la cuestión cuando los seres son las cosas del mundo natural, que no son simples ni indivisibles ni inmutables. Antes bien, la experiencia misma nos muestra cómo cada uno de esos seres aparecen y desaparecen, cómo se generan y se corrompen, cómo se construyen y se destruyen. La idea de una casa, por Ej., es inmutable, al fin de cuentas no es más que una idea. Y si se tratase de una idea platónica, subsistente, ni que decir tiene que será imperturbable. Pero una casa real, de piedras, ladrillos y arena necesita ser construida para ser una casa. También se la puede destruir, puede dejar de ser una casa para pasar a ser otra cosa; un montón de escombros, por ejemplo. Las cosas, y más aún los seres vivos, cambian permanentemente. Y no se puede decir, como lo hacía Platón, que las cosas de este mundo son la sombra de las ideas incorruptibles del Topos Uranos porque la verdadera realidad es inmutable. No; las cosas, las sustancias primeras, los individuos son reales. Pero no son simples, no son meras ideas. En ellas hay, quién puede negarlo, una esencia; es más: son esa esencia y por esa esencia. Esa esencia, ciertamente, es inalterable, puesto que es el acto de ser más perfecto. Pero, las sustancias individuales no son solamente su esencia, ya que los individuos no son la especie. Los individuos como todas las cosas compuestas, de alguna manera, participan del no - ser. Siempre, de algún modo, hay en ellos algo que aún no es pero que puede ser, que está en potencia de ser. Ese "algo", que busca, por así decirlo, "adquirir" una forma determinada porque en sí mismo no lo posee, es la materia. Los individuos son seres compuestos de materia y forma. Esta es la razón por la que cambian. La forma por sí misma es inalterable ( se trata de la forma inteligible, de la esencia inmaterial de las cosas, no de la forma física) ya que es universal y específica. Lo que cambia es la materia, que si bien es común a todos los seres compuestos, no posee por sí misma forma alguna. Ella es en potencia cualquier cosa, porque puede adquirir cualquier forma. Es un no- ser en acto todavía. La materia es una posibilidad de ser. Solamente cuando esa posibilidad se realiza - en cualquier orden- hay acto, y en consecuencia hay ser. Por eso la materia es potencia; porque "busca" ,una forma para realizarse; mientras que la forma, que es la que determina a la materia, es acto, pues en ella y solo en ella se realiza la potencialidad de ser de la materia. Hemos dicho que la potencia es no ser algo todavía. Pero para que algo no sea aun, es necesario que haya un ser que todavía no es ese algo. Un hombre que está en potencia de ser sabio tiene que ser en acto ignorante. Un niño es en potencia un hombre maduro; pero no sería hombre maduro en potencia si no fuese a la vez niño en acto, Esto significa que el acto es siempre anterior a la potencia ( nada hay en potencia que no sea potencia de un acto). Materia: Introducción a la filosofía Profesor: Pedro Ballester - 8 - MATERIA Y FORMA La potencia y el acto permiten explicar como cambian las cosas. La materia y la forma permite entender como están compuestas. Sendas nociones son correlativas: pues hay un paralelo entre la forma y el acto, y la materia y la potencia. Lo que hay de actual en la sustancia es la forma; el elemento potencial es la materia. Hay una materia que es común a todos los seres compuestos: es la materia prima. Pero también hay una materia individual, propia de cada sustancia en particular. Esta materia individualizada posee ya una forma: la forma del individuo, y es la materia segunda (signada y cuantificada). La materia prima es el substrato común del que proceden todas las cosas del mundo corpóreo. "Respecto a la sustancia material - dice Aristóteles - no debe pasar desapercibido que ... una misma materia es principio de todas las cosas engendradas" (Metaf. VII,3). Esta materia es, en cierto modo, la sustancia, puesto que forma parte de todos los sujetos y es lo que permanece por debajo de los cambios. Por eso Aristóteles afirma que la sustancia es el sujeto que, desde cierto punto de vista, es sujeto en potencia (llamo materia a aquello que no es algo determinado en acto, sino solamente en potencia...) (Metaf. VIII,l). Para que algo cambie algo debe permanecer. "Pues si el cambio se produce de un contrario a otro (de joven a viejo, por Ej.), es necesario que haya algo subyacente que cambie en el pasaje de un contrario a otro, pues lo que cambia no son los contrarios mismos. Lo que cambia queda, mientras que el contrario no permanece; y por eso (es necesario) un tercer termino además de los contrarios, o sea, la materia" (Metaf., XII,2). De lo expuesto se desprende que la materia es indeterminada en sí misma; pues ella cambia al adquirir nuevas formas. Por eso es pura potencia, ya que necesita de una forma para determinarse. En sí misma, como es lógico suponer, es indefinible, puesto que solo podemos definir lo que está determinado. Por otra parte, no es perceptible por los sentidos (percibimos a los individuos que ya tienen una forma propia). Sólo podemos concebirla deduciéndola por analogía a partir de los cambios que observamos en el mundo corpóreo. Su indeterminación la hace ininteligible ya que si fuera inteligible en sí misma debería tener una forma. La única materia inteligible, según Aristóte1es, es aquella que existe ciertamente en las cosas sensibles, pero no en cuanto son sensibles, como las (propiedades) matemáticas" (Metaf. VII110). Esto se explica de un modo muy sencillo: la materia sensible de un círculo de bronce es el bronce o cualesquiera otra materia de la que esté hecho. La materia inteligible, en cambio, es el mismo círculo material, es decir, el bronce con la forma de círculo. No se puede percibir ni imaginar la materia por sí misma; la percibimos ya con una forma y no podríamos imaginarla sin ella. De aquí que Aristóteles afirme que la materia inteligible es la que está en los seres sensibles, pero no en tanto que sensibles sino en tanto que determinados por una forma inteligible que los hace ser lo que son. En otras palabras, la materia es inteligible sólo y por cuanto posee una forma inteligible que la determina de un modo y no de otro. De esto se saca que "la materia por sí misma es incognoscible" (Cfr. op. cit.) y por ello no se puede afirmar que la materia prima (indiferenciada y pura potencia) es inteligible. La materia prima no puede existir sin una forma. La forma es lo que limita y determina a los seres compuestos. Es lo que los hace ser lo que son. Pues las cosas no son lo que son por su materia sino por su esencia, es decir, por su forma sustancial. Esta forma sustancial considerada en sí misma, se asemeja mucho a la idea de la cosa. Platón llamó "eidos" (o idea) a esas formas sustanciales y las ubicó en el mundo inteligible. Para él las ideas eran las únicas sustancias. Aristóteles no acepta esto. Para Aristóteles la sustancia es el sujeto primero. Y "el sujeto primero" es en un sentido, la materia (como sujeto de los cambios); en otro, la forma, y en tercer lugar el conjunto de la materia y la forma" (Metaf. VII,3). Ahora bien, el sujeto es lo que es en virtud de la forma. Se puede decir, entonces, que la Materia: Introducción a la filosofía Profesor: Pedro Ballester - 9 - materia es aquello de lo que esta hecho algo, mientras que la forma es aquello por lo cual algo es lo que es. El par de conceptos materia - forma, que nos sirve para explicar como están compuestas las sustancias tiene otras connotaciones. Ya vimos que está en estrecha relación con los conceptos de acto y potencia que nos permiten comprender el cambio de los seres inmersos en el devenir. Pero, además de esto último, dichos conceptos también están ligados a otra cuestión de suma importancia en el pensamiento aristotélico: las causas del ser. LAS CAUSAS DEL SER El aporte mas importante de Aristóteles a la doctrina de las causas es la clasificación de ellas en cuatro tipos. Estas causas son denominadas: causa material, que explica de qué están hechas las cosas; causa formal, que explica qué es la cosas; causa eficiente, que explica cómo se hace la cosa ( si es producto artificial) y la causa final, que explica para qué es la cosa. Así nos lo dice en el siguiente texto: "... la palabra causa se usa en cuatro sentidos, uno de los cuales es que consideramos como causa la sustancia (segunda) y la esencia (la forma) .... otro, la materia y el substrato( causa material) ; un tercero, aquel de donde proviene el principio de movimiento (causa eficiente); un cuarto la causa opuesta a esta, o sea el fin y el bien (causa final) 11 (Metaf., 1,3). Aclaremos esto con un ejemplo del mismo Aristóteles:" ¿ Cual es la causa del hombre con materia?, ¿ no es quizás el menstruo? Y, ¿cuál es la causa eficiente? ¿no es acaso la esperma? Y, ¿cuál es como forma? la esencia. ¿Cuál como fin?, la finalidad del hombre. Quizás estas dos últimas son la misma cosa" (Metaf., VIII,4). Las cuatro causas: formal, material, eficiente y final se pueden reducir a dos: la formal y la material. Esto se debe a que la causa eficiente y final son de algún modo la causa formal: la final es aquello para lo que la cosa es, o sea su esencia, y la causa eficiente primera de toda cosa es su propia forma. LA CAUSA PRIMERA O ACTO PURO El conjunto de todos los seres existentes componen el universo aristotélico. En el están inmersos los seres vivientes y los no vivientes, todos ellos compuestos de materia y forma y, por ende, corruptibles y perecederos. También están las sustancias del mundo celeste, los astros, compuestos de materia y forma, a los que Aristóteles considera eternos e incorruptible. Este universo es finito y está ordenado causalmente. Esto quiere decir que todos los seres existentes en él tienen una causa que los produce o genera, que es la causa eficiente. Pero esta serie de causas no puede, según Aristóteles, remontarse al infinito. Si así fuese no habría una causa primera y, en cierto sentido, tampoco habría causa de nada. Esta causa primera debe ser perfecta y, por lo tanto, eterna e incorruptible. Siendo así, tampoco puede estar inmersa en el devenir, es decir, sujeta a los cambios propios de los seres compuestos. En consecuencia, dicha cansa debe ser una Forma Pura sin materia, que también es Acto Puro sin potencia. Es llamada por Aristóteles Motor Inmóvil o Dios. Este Motor es Inmóvil, porque nada hay en él de potencia. Es Dios porque es una inteligencia pura que se tiene a sí misma por objeto. "Se piensa, pues, a sí mismo, porque él es lo más óptimo, y su pensamiento es pensamiento del pensamiento... y así está él siendo acto del pensamiento que se piensa a sí mismo eternamente" (Metaf., XII,9). Materia: Introducción a la filosofía Profesor: Pedro Ballester - 10 - ETICA Y POLÍTICA La ética de Aristóteles de denomina eudemonista porque la vida del hombre se orienta hacia la felicidad, o sea, la eudaimonía. La felicidad no es otra que la realización de la propia esencia racional. Esto quiere decir que las virtudes más importantes son aquellas que le permiten al ser humano realizarse como ser racional. Estas virtudes se denominan dianoéticas, y entre ellas se encuentra la sabiduría. Las virtudes llamadas éticas son las que el hombre necesita para convivir en sociedad. Son hábitos que le permiten realizarse como ser social. Estas virtudes éticas son consideradas por Aristóteles como el justo medio entre dos vicios: uno por defecto y el otro por exceso. Así la generosidad será el justo medio virtuoso entre la avaricia y el despilfarro. La misma doctrina del justo medio es aplicada a otras virtudes éticas. La ética aristotélica es intelectualista, esto significa que la racionalidad es una condición del sujeto moral. Dicha racionalidad es prudencial y le permite al hombre tomar decisiones justas y prudentes. La ética es producto de la educación. El hombre distingue lo bueno de lo malo porque es un ser inteligente, y puede elegir entre lo uno o lo otro porque es un ser libre. Esto lo hace responsable de sus actos. La política de Aristóteles se encuentra expuesta en su obra del mismo nombre. El hombre es considerado un animal político. Esto significa que fuera del estado y la sociedad o no existe o es un monstruo. En tal sentido se puede decir que el ser humano nada es fuera del estado y que el estado es condición de su ser. Esto implica que el estado es estructuralmente anterior al hombre. Lo que no significa que en el transcurso del tiempo el estado sea anterior al individuo. El individuo y otras formas de organización social son anteriores al estado dado que han existido antes que él. Pero son anteriores en el mismo sentido en que un niño es anterior al hombre plenamente desarrollado. Con esto se quiere decir que el hombre está estructuralmente condicionado a organizarse en sociedad bajo la forma del estado. El de Aristóteles no es un estado ideal, como en Platón. No está dado de antemano sino que se tiende hacia él como hacia una causa final. Aunque el hombre en su desarrollo haya pasado por distintas etapas su fin es organizarse definitivamente como estado. Además el estado aristotélico es gobernado de distintas formas. No como en Platón en quien la estructura del estado es fija. Las formas de gobierno descriptas por Aristóteles son el resultado de una investigación exhaustiva de un gran número de constituciones de estados existentes. Estas formas son seis. Tres de ellas consideradas perfectas y tres imperfectas o corruptas. Las tres formas perfectas son: monarquía, aristocracia y república ( o democracia) y las tres corruptas son: tiranía, oligarquía y demagogia. La monarquía es el gobierno de uno solo en beneficio de la sociedad; la aristocracia es el gobierno de los mejores en beneficio del pueblo y la república ( o democracia) es el gobierno de la mayoría en beneficio de todos. La tiranía también es el gobierno de uno solo pero en beneficio del mismo tirano y no de la comunidad. La forma corrupta de la aristocracia es la oligarquía, es decir el gobierno de unos pocos en beneficio de sí mismos y la demagogia es el gobierno de la plebe en beneficio de quienes detentan esporádicamente el poder. La concepción de Aristóteles admite la esclavitud y considera que existen esclavos por naturaleza y esclavos por otras condiciones. Los primeros han nacido para obedecer, mientras que los segundos son convertidos en esclavos por distintos motivos. Eso sucedía con los prisioneros de guerra. La concepción esclavista de Aristóteles solo es entendible en una sociedad en la que la mano de obra productiva era en su mayoría esclava. Lo que no justifica la esclavitud. Por otra parte hay que señalar que los argumentos de Aristóteles para explicar la existencia de esclavos por naturaleza carece de sustentación. Las mujeres carecen de la condición de ciudadanas. Los niños y los ancianos son ciudadanos a medias. Los primeros porque por su edad no participan Materia: Introducción a la filosofía Profesor: Pedro Ballester - 11 - todavía del gobierno y los segundos porque han dejado ya de participar.